Aproximarse a la historia de vida del padre de la bomba atómica, Julius Robert Oppenheimer (New York, 1904 – New Jersey, 1967; físico teórico y profesor de la Universidad de California en Berkeley), no supone una tarea fácil por la percepción que genera la figura de este científico. Haciendo uso de su recurso preferido: la maleabilidad del tiempo, el productor, guionista y director -cinco veces nominado al premio Óscar- Christopher Nolan (Londres, 1970) se embarcó en la realización de “Oppenheimer”, una poderosa obra que no dilata en mostrar su calidad en medio de la ruidosa turbulencia de jarros vacíos del verano cinematográfico de 2023.
El filme, a medio camino de un biopic, y que amerita de un visionado sin distracción, está recargado de diálogos, detalles, escenas y escenarios; ambientado en al menos cuatro décadas distintas; concentrado en tres horas de duración; con amplio elenco, ritmo vertiginoso, ágil, ubicado de épocas diversas, y fotografiado en variados tonos que resultan atractivos y ligeros. La labor de Hoyte Van Hoytema (responsable de la fotografía de “Interstelar”, “Dunkerke” y “Tenet”) aquí va con escenas de claustrofóbica oscuridad o pálida brillantez hasta fluorescencia enceguecedora.

Corrían los años treinta, tras el triunfo de la Revolución Rusa y la proclamación de la Unión Soviética, el comunismo, al igual que el nazismo de la Alemania de Hitler comienzan su expansión, siendo este último la fuerza destructora que arrasará con casi toda Europa, desafiando todo estamento de la vida en democracia. A esto se agrega el ataque japonés a la base naval de Pearl Harbor en Hawái, el siete de diciembre de 1941, “una fecha que vivirá en la infamia”, según palabras del presidente Roosevelt, lo que propicia la entrada formal de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, y cuyo desquite requerirá del artefacto explosivo más contundente que la humanidad halla conocido.
La migración europea en busca de salvaguardar a familias y personalidades de no caer en los campos de concentración nazis, tendrá su impacto en todos los ámbitos alrededor del mundo. Mientras Hollywood recibe a los artistas -en especial a directores y compositores musicales que cambiarán su fisionomía-, igualmente las universidades harán lo propio con gran parte el personal científico y académico que busca un espacio de vida digno y por ende hacer su aporte a la causa de la guerra.
El carismático ganador del Premio Nobel de Física de 1921, nativo alemán, de origen judío, Albert Einstein (1879-1955), nacionalizado después suizo, austriaco y estadounidense, e instalado en EE. UU, desde 1932, en el Instituto de Estudio Avanzados de Princeton, New Jersey, ya había publicado sus teorías de equivalencia masa-energía; las bases de la física estadística, de la mecánica cuántica y la teoría de la relatividad general, cuando en agosto de 1939, con una carta al presidente Roosevelt, consiguió romper la rigidez de la mentalidad militar hacia los proyectos atómicos. Sin embargo, Einstein (interpretado por Tom Conti con fugaces apariciones), por su desprecio por la violencia y las guerras, apoyó una iniciativa de Oppenheimer –egresado de las universidades de Harvard, Cambridge (Inglaterra) y Gotinga (Alemania)- para comenzar el programa de desarrollo de armas nucleares conocido como Proyecto Manhattan.
El actor Cillian Murphy (Irlanda, 1976, afamado por la serie “Peaky Blinders” y habitual colaborador secundario en varios filmes de Nolan), ha conseguido un notable rol protagónico que se perfila -al igual que la producción total- como un hueso duro de roer para la próxima temporada de premios. Su personaje sobrelleva la carga del relato; donde se debate la vida personal del científico en medio de dudas por su vinculación y aportes a grupos comunistas; por sus encuentros con otros académicos de distintas órbitas; sus publicaciones de contribuciones importantes a la entonces recién desarrollada mecánica cuántica; y por la tendencia comunista de su hermano Frank, de su esposa alcohólica, Kitty (Emily Blunt) y de su amante Jean Tatlock (breve y notable Florence Pugh); por ende no estará exento del escrutinio del macartismo, aunque se defina como un demócrata del ‘New Deal’.
Por su parte, la editora Jennifer Lame (“Historia de un matrimonio”, “Tenet”), como contrapunto para el ritmo, recurre a un minimalismo efectivo, en el que destellos fulgurantes; confluencias incandescentes y multicoloridas de neutrones y protones; figuras multiformes; constelación de partículas estáticas o en ebullición y explosión; nubes, estrellas, gotas de aguas iluminadas; roturas de cristales; hongos atómicos -a veces silentes, a veces sonoros-; son brevísimos insertos del universo de recursos que sirven de puentes entre escenas para ilustrar el torbellino de ideas y ansiedades en el pensamiento del protagonista en medio de toda la presión que está viviendo.
Oppenheimer encuentra empatía con el temperamento sarcástico y rudo del coronel Leslie Groves (Matt Damon), constructor del Pentágono y director del Proyecto Manhattan; quien apoyó el nombramiento del primero como director científico del proyecto. Uranio, plutonio e hidrógeno, son las opciones que se debaten para la construcción de la bomba atómica. Mientras los científicos temen que una reacción en cadena incendie toda la atmosfera, a Groves -y al presidente Truman (Gary Oldman)-, les urge obtener resultados concretos en una carrera contra reloj, ya que les preocupa que los nazis u otra nación culminen antes con igual propósito.
Pero también surgen las orientaciones del físico danés Niels Bohr (Kenneth Branagh) -contribuyente en la comprensión del átomo y la mecánica cuántica-, sobre lo que llamó “El después” (“…pues el poder que vas a revelar perdurará mucho más tiempo que los nazis y el mundo no está preparado.”), le advirtió a Oppenheimer.
El proyecto ameritó convencer y reclutar científicos de todos los niveles –incluidos equipos de Reino Unido y Canadá- y la construcción de un pueblo en una apartada zona desértica en Los Álamos, Nuevo México, abarcando tres años, cuatro mil personas y un costo de dos mil millones de dólares. Con presupuesto de cien millones, la producción fílmica liderada por Universal Pictures no escatimó recursos en recrear el escenario y lograr la similitud milimétrica con los materiales visuales de archivos reales que atestiguan aquel asentamiento científico-militar, donde la primera bomba nuclear fue detonada el 16 de julio de 1945 en la llamada Prueba Trinity. Si bien la maquinaria nazi había sido derrotada en el mes de abril, todavía Japón seguía siendo una amenaza.
La música del sueco Ludwig Göransson (“Tenet”, The mandalorian” y ganador del Óscar por “Black panther”), se mantiene en una leve sutileza que apenas subraya la carga de diálogos que no resultan tediosos por su acertado ritmo; y reserva sus acordes de mayor tensión y dramatismo para un prolongado epilogo de intensos debates.
Supuesta filtración y espionaje afloran. Del revanchismo del almirante Lewis Strauss (Robert Downey Jr.) utilizando a William Borden (David Dastmalchian), tampoco estará excepto Oppenheimer, quien, a modo de ver del primero, debe ser silenciado; pues conmovido del trágico resultado de 244 mil muertos de los bombardeos a Hiroshima y Nagasaki (seis y nueve de agosto del ‘45), Oppenheimer utilizó su posición como asesor jefe de la Comisión de Energía Atómica para abogar por el control internacional del poder nuclear, evitar su proliferación y frenar la carrera armamentista.
El estamento militar y las agencias de seguridad intentarán desmontar la credibilidad y lealtad del científico. Truman maneja con desdén las consecuencias posteriores; la carga moral y de conciencia las acarrea el científico, a quien después de provocar la ira de políticos por sus opiniones públicas, se le retiran ciertos privilegios tras una muy publicitada audiencia en 1954, dotada de todo recurso narrativo.
De todo esto va esta gran película a la que solo le objeto la falta de algunas precisiones históricas de fechas y lugares para mejor orientación del espectador, pero aun así merece ser vista más de una vez por su desarrollo muy bien lubricado -equiparable a producciones como “High noon” (de Fred Zinneman), “JFK” (de Oliver Stone), o “Trece días” (de Roger Donaldson)-, en el que Nolan confirma nuevamente su maestría, y su elenco brilla de manera impresionante, sobre todo los memorables Cillian Murphy y Robert Downey Jr. ¡Bravo!!
